Consumir carne en mal estado o manipulada puede provocar:
Intoxicaciones alimentarias
Infecciones bacterianas (Salmonella, E. coli, Listeria)
Dolores estomacales, diarrea y vómitos.
A largo plazo, problemas digestivos e inflamatorios
Lo peor es que muchas personas no asocian sus síntomas con la carne que consumieron días antes.
Señales claras de que la carne NO es fresca
Antes de comprar o cocinar, fíjate bien:
Color gris, marrón o apagado
Olor fuerte o ligeramente ácido
Textura viscosa o pegajosa
Exceso de liquido en el empaque
Cristales de hielo (señal de congelación previa)
Si notas una sola de estas señales, no la compres ni la consumas
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